miércoles, 22 de febrero de 2017

SOY TU LOGOPEDA Y NO TENGO NI IDEA


SOY TU LOGOPEDA Y NO TENGO NI IDEA

Soy tu logopeda y no tengo ni idea… de fútbol.

Así comienza uno de los trabajos más apasionantes que hemos hecho.

Los que nos conocéis sabéis que somos unos enamorados de la educación y creemos firmemente que las nuevas corrientes van a hacer mucho bien a los niños con cualquier tipo de dificultad.

J. es un chaval de 11 años con dificultades para mantener la atención a tareas, bajo rendimiento en actividades de lectoescritura y uno de los niveles de motivación más bajos que hemos visto.

Con este panorama, la pregunta era obligada:

-          A ti, ¿qué te gusta?

La respuesta clara y concisa:

-          El fútbol.

Perfecto. Pues soy tu logopeda y no tengo ni idea de fútbol así que vamos a aprender juntos: nos vamos a convertir en expertos.

Y, a partir de aquí, hemos adaptado nuestros objetivos de logopedia al trabajo por proyectos.

Estamos construyendo juntos un proyecto sobre fútbol que incluye: historia del fútbol, curiosidades, ligas, equipos, organigrama de clubes, técnicas de entrenamiento…
 

Mezclamos textos con material audiovisual y todo lo que llega a nuestras manos.

Buscamos la información, sopesamos cuál es la que nos es más útil, la rehacemos, si no entendemos algo volvemos a buscar, comentamos, exponemos, redactamos…

Nosotros no olvidamos nuestros objetivos: que lea y escriba más y mejor. Y él no olvida el suyo: convertirse en un experto en fútbol.

Pero aún más: los objetivos por ambas partes están consensuados. Tanto él como nosotros sabemos lo que estamos haciendo y para qué. Y los modificamos según lo necesitemos.

¿El resultado?

Hemos pasado de protestar por escribir un párrafo a escribir dos folios en una sesión y, aun así, pensar que se ha pasado muy rápido el tiempo.

Ahora pregunta, comenta, pide ayuda para hacer más y mejor, autocorrige errores, redacta, el nivel de motivación ha aumentado un 200% y su profesora de lengua cree que ha habido un gran cambio.

Así que sí, soy tu logopeda y voy teniendo algo de idea… de fútbol.

lunes, 2 de enero de 2017

LA CAJA DE PROYECTOS

LA CAJA DE PROYECTOS

En esta primera entrada del año del blog, me gustaría acercaros el regalo de cumpleaños de Nicolás, nuestro hijo mayor.
Nicolás ha cumplido 7 años y es un niño que, a pesar de pedir todo el catálogo de juguetes, después es raro verle jugar con nada (salvo con muñequitos de goma con los que hace historias).
Los que nos seguís sabéis que somos de escuchar a los niños y de atender a sus señales.
En la anterior entrada del blog, ya contamos que cuando dijimos que íbamos a retirar todos los juguetes de casa, Nicolás dijo que no le tirara dos cajas a las que había hecho varios agujeros y había puesto cuerdas y cintas haciendo no sé qué invento porque eran muy importantes.
Esa fue la señal y este el resultado de su regalo de cumpleaños.




La Caja de Proyectos es, como su nombre indica, una caja para crear cosas, las que sean, las cosas que puede crear un cerebro de siete años.
Seguramente todo lo que cree serán inventos imposibles, chapuzas, artilugios sin pies ni cabeza para nuestro cerebro adulto. Eso no importa. Es SU caja de proyectos.
Y, ¿qué hay dentro de la caja de proyectos? Pues, lo que veis: una selecta selección, valga la redundancia, de artículos de bazar tales como:

- Cuaderno para anotaciones
- Rotuladores
- Estropajos
- Destornilladores
- Taladro para hacer agujeros en papel
- Pajitas
- Palillos
- Palos para manualidades
- Bolas de corcho
- Metro
- Pinzas
- Reglas de plantillas
- Clips
- Pegatinas
- Vasos de plástico
- Cinta de carrocero
- Celo
- Alambre
- Cuerda
- Algodón
- Gomas
- Papel de aluminio
- Pegamento
- Anillas de cortina de baño

-     - 

Sólo ha hecho falta decorar un poco la caja y el cuaderno y… ¡listo!

Creo que no le había hecho tanta ilusión un regalo en la vida.
Primero porque nada más abrirlo ya ha disparado tres o cuatro ideas que podía hacer con ella. Y segundo porque ha descubierto que le hemos incluido algunos elementos que antes sólo le dejábamos con supervisión como destornilladores o taladros. Él crece, nosotros también.
En definitiva, que por unos 20 euros (y las cajas de cartón que vaya encontrando) hemos creado el regalo de su vida.


No dejéis de escuchar. Ellos tienen las pistas.

viernes, 9 de diciembre de 2016

¿Y SI NO TUVIERAN JUGUETES?


 

¿Y SI NO TUVIERAN JUGUETES?

Entendí que mis hijos tenían demasiados juguetes cuando dejaron de hacerlos caso.

Y lo alucinante es que la mayoría de cosas que tienen ni siquiera las han pedido.

Ahora que se acercan fechas de regalos, os traigo una situación que es posible que os suene.

Hace unos meses mis tres hijos (de 6 y 3 años) se metieron en la habitación en la que tienen los juguetes. Han llegado a una edad en la que empiezan a jugar juntos y a mí (que me gusta tanto el juego libre como que se aburran) me encanta oírles jugar: su reparto de roles, sus negociaciones, su solución de conflictos (o, a veces, su no solución de conflictos).

Como digo, se metieron en la habitación. Estuvieron una media hora y después les oí corretear por el pasillo hacia el salón. Pusieron la tele y se sentaron a ver los dibujos. Sí, mis hijos ven la tele. Aunque tengo algunos dibujos vetados y lo saben.

El caso es que me asomé a la habitación donde habían estado “jugando” y lo que vi allí era lo más parecido a la calma después de un terremoto. Era imposible que, en media hora, hubieran jugado con tantas cosas.

Me fui hacia el salón y con voz calmada dije:

-          Todo lo que hay tirado por el suelo interpreto que no lo queréis, así que si no recogemos entre todos, barreré lo que vaya encontrando.

¿Sabéis lo que hicieron? Se quedaron viendo la tele.

En ese momento entendí que tenían demasiadas cosas.

Pensamos en qué podría pasar si no tuvieran juguetes. Y decidimos probar.

Limpieza total y, ¿el resultado?

No sólo no les importó demasiado sino que, además, se despertó su creatividad.

Lo primero que me dijo mi hijo mayor fue:

-          Mamá, por favor, déjame eso que es muy importante.

¿Sabéis que era “eso”? Dos cajas de zapatos a las que había hecho varios agujeros y otras modificaciones.

De todos los juguetes que tenía, ¡lo más importante eran dos cajas de zapatos!

Me pidieron permiso para coger un trozo de papel de aluminio, unas pinzas, otra caja y algunos pedazos de cartón y con ellos crearon los personajes y artilugios que podéis ver en las fotos.

 
Una tarde entera de juego. Touché. Niños 1-papás 0.

Así que, cuando nos preguntan en el trabajo por sugerencias para la carta de los reyes, a veces me dan ganas de decir: una caja con palos, cartones, cintas y cuerdas o un saco de aburrimiento.

Porque, si no existieran los juguetes, los niños los inventarían. Porque jugar es su trabajo. Porque, aunque a ti te parezca que lo que hacen no tiene tantas luces, funciones, sincronización con el móvil ni sonido estereofónico, tiene algo mucho más importante: tiene vida inteligente. Aunque sea un pedazo de papel de aluminio y una caja atada a un palo.

En definitiva, que por nuestra parte, este año hará la carta el sentido común y, además de un juguete, también pediremos un cuento bonito y un ratito de tiempo del bueno para contarlo, unas entradas para el teatro y unos ojos de niño para emocionarnos, una receta nueva y una tarde lluviosa para hacer de detectives de sabores. Nada más. Y nada menos.

 

 

martes, 15 de noviembre de 2016

NI LOS GRUPOS DE WHATSAPP SON TAN MALOS, NI NOSOTRAS TAN TÓXICAS




 
NI LOS GRUPOS DE WHATSAPP SON TAN MALOS, NI NOSOTRAS TAN TÓXICAS.

Participo en grupos de whatsapp de madres. ¡Hala! Ya lo he dicho.

De hecho, no sólo tengo 3 grupos (uno por cada clase de mis 3 hijos) sino que tengo un cuarto grupo. ¿Y qué?

Y me empiezo a cansar de leer lo perjudiciales que son. Pues ahí va mi experiencia:

En los grupos de clase jamás se ha criticado nada, ni se ha faltado al respeto a ningún profesor, ni nada de nada.

Y, el cuarto grupo, es un grupo formado por varias madres, con niños de diferentes edades, de las de ¿tomamos un café? (de ahí su nombre: el chat de Juan Valdéz).

Comenzamos 2 ó 3 y poco a poco se van incorporando más madres y, ¿sabéis a qué nos dedicamos?

A darnos apoyo (logístico y emocional) cuando hemos tenido un mal día.

A reírnos hasta llorar de cualquier tontería.

A hablar de algo que no salga en Clan o en Disney Channel.

A comprendernos cuando, mientras removemos el azúcar, decimos “sólo son las 9:30 y no veas el día que me llevan dado”.

Sabemos que cuando hay cualquier incidencia o desacuerdo con el colegio o con los profesores, es con el colegio o con los profesores con los que hay que hablar.

No ponemos la mano en el fuego por nuestros hijos hasta conocer todas las versiones porque sabemos que nos podemos quemar.

No juzgamos lo que hacen las demás madres.

No nos enfadamos si a nuestros hijos no les invitan a un cumpleaños.

Y nos alegramos si el hijo de otra saca una buena nota o le seleccionan para el equipo de fútbol.

Nos apoyamos unas en otras, aportamos soluciones a problemas comunes y nos ayudamos.

De verdad que hay madres así. Muchas.

Que me empieza a molestar que cada vez que se habla de un grupo de madres la cosa parezca un nido de víboras. Y, si no, somos tóxicas o helicópteros.

Así que, ahí va un mensaje. A quien quiera escuchar:

Las madres no necesitamos que nos digan cuán tóxicas o helicópteros somos.

Necesitamos que se nos apoye, que se nos dé cobertura y que no se nos juzgue para poder actuar conscientemente y con libertad.

Que, a costa de pensar en el qué dirán, nos hemos quedado sin poder y pasamos los días pensando “¿si le doy un beso en la fila seré tóxica?, ¿si le pregunto a qué ha jugado o voy con él a la excursión seré helicóptera?”

De verdad os digo que ni yo, ni ninguna madre de las que me rodea somos tóxicas.

Somos imperfectas y contradictorias y lo tenemos asumido.

Y, a partir de ahí, caminamos.

Somos las que vamos a las excursiones cuando piden voluntarios.

Somos las que estamos deseando que se vayan las filas para tomarnos un café.

Somos las que despedimos a los niños con un “¡te quiero!¡diviértete mucho!”.

Somos las que dejamos que lleven los deberes sin hacer y que ellos se apañen.

Somos las que tenemos hecho el disfraz de la función de navidad casi antes de que nos digan de qué tienen que ir disfrazados.

Y, sí, somos las mismas que estamos deseando que llegue el 25 de marzo, para ir al concierto de Dani Martín y disfrutarlo como si tuviéramos 15 años. Repito, ¿y qué?

Así que, si tú también estas harta de juicios, de madres tóxicas, helicópteros y demás, comparte.

martes, 4 de octubre de 2016

ES QUE LA VIDA NO ES FÁCIL


ES QUE LA VIDA NO ES FÁCIL

Los que me seguís ya sabéis que tengo tres niños y un trabajo que me empuja a querer un mundo mejor. Así de ambicioso es el proyecto.

Y, los que me conocéis, sabéis que soy partidaria de la educación desde el respeto, de escuchar a los niños, de acompañarles, de tratarles como las personas que ya son.

Me gusta hablar de y sobre educación, leer a Marina, a Bona, a Carlos González, a Mora, seguir a Luis Anes, a Mar Romera, a Óscar González y a Jorge Ruiz entre otros. Participo activamente como miembro de la junta directiva de Aecofame (Asociación Española de Coaching Familiar y Educativo).

Me he rodeado de amigos con las mismas inquietudes y ¿sabéis lo que ocurre cuando salgo de ese círculo?

Que me encuentro con el miedo. Con ese miedo que hace decir: “sí, sí, todo muy bonito pero es que luego la vida no es así”.

¿Perdón? La vida es como tú quieres que sea. Eso no quiere decir que sea fácil.

Quiero poder ver el cambio que necesita la educación, los colegios y las familias. Y quiero colaborar y que mis hijos lo disfruten.

No me vale eso de que los niños luego salen a la vida y encontrarán un jefe tirano y un millón de piedras en el camino.

Atento a esto: TU hijo, mañana, será el jefe.

No alimentes el círculo.

Queremos que cambie el mundo pero educamos a nuestros hijos y alumnos para lidiar en el mundo establecido que nos horroriza. ¿No es de locos?

Eduquemos a nuestros hijos, a nuestros alumnos para que cambien el mundo, para que sean críticos, para que no se conformen, para que sepan que, el que está enfrente, también es una persona. En definitiva, para que no se conviertan en jefes tiranos o padres frustrados.

Enseñémosles a tropezar, a caer y a levantarse. Inculquemos respeto, responsabilidad y empatía.

“Es que la vida no es fácil”. Ya.

¿Y quién la quiere fácil? Yo no. Yo la quiero llena de matices que me inviten a seguir aprendiendo, a meter la pata y a  sacarla. Pero no desde el miedo.

Rompamos el círculo.