martes, 30 de agosto de 2016

EL TALENTO OCULTO: LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL VERANO


EL TALENTO OCULTO: LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL VERANO

Los que nos seguís debéis pensar que habíamos dado por terminado el verano. Nada más lejos. Nos fuimos al pueblo a disfrutar de las fiestas y olvidamos el ordenador. El universo es sabio.

Así que uno en esta entrada las dos últimas semanas y, ahora sí, daremos por terminado el verano (a falta de forrar libros y probar uniformes).

En la semana 7 hemos descubierto que nada es lo que parece:

-          El talento oculto de Nicolás: Desde bien pequeño pensé que,  siguiendo las inteligencias múltiples de Gardner, la inteligencia motora no era lo suyo (de la misma manera que no era lo suyo la musical). Error. No habíamos tocado todos los palos.

Nicolás nunca ha sido un niño ágil. Sin embargo, siempre ha sido un niño extremadamente prudente (siempre recuerdo que buscaba los rebajes de los garajes en las aceras en lugar de bajar el bordillo).

De hecho, no le gusta ningún deporte más allá de correr al grito de ¡sálvese quien pueda! cuando juega a ser Invizimal.

Hasta que llegó este verano y, en un fin de semana, ha aprendido a nadar el solo. Y nada francamente bien. De hecho todo el que le ve nos pregunta si le hemos llevado a clases.

Esto ha hecho que se haya interesado por los Juegos Olímpicos de Río. Analiza todas las competiciones de natación y ha llegado a imitar hasta los gestos de calentamiento que hacen los nadadores antes de tirarse al agua. Copia las diferentes modalidades, se tira de cabeza…

Estoy francamente sorprendida.

Por eso es importante que demos a nuestros niños oportunidades para que puedan demostrar todo lo que son capaces de hacer.

Nicolás no era un niño poco ágil como yo pensaba. Simplemente, estaba en el medio equivocado.

-          Las camisetas: los pequeños han pintado unas camisetas. Reconozco que les dejé unas que nos les valdrán el próximo año por si el resultado era una chapuza. Pues me equivoqué también. No voy a entrar a juzgar si quedaron bien o no. Lo que han pintado es fruto de su esfuerzo, de su imaginación y de su creatividad. Punto. Eso ya debe ser valorado. ¿El resultado? Debería darnos igual que sea más o menos bonito para nuestro gusto. Debemos empezar a darnos cuenta de que su gusto no tiene por qué ser el nuestro. Y eso es bueno. Así que, si os lanzáis a crear vuestra propia camiseta, no les guieis más allá de colaborar en la preparación de las herramientas. Lo demás debe ser expresión artística pura. Sólo es una camiseta pero igual os sorprendéis.

 
Y estos últimos días de verano, estuvimos también en las ferias del pueblo y aprendimos algunas cosas:

-          Los patos: Seguro que todos conocéis esas casetas de feria en las que hay que pescar patos y a cambio te dan puntos que puedes, o canjear por un premio o acumular para conseguir un premio mejor. Pues nos ha venido al pelo para aprender lo que es la paciencia, el saber esperar para conseguir algo mejor, el autocontrol y el manejo de la impulsividad. Y ¡lo han hecho de diez! Hemos pescado patos todos los días, hemos llegado a casa, sumado los puntos, visto cuántos puntos nos faltaban para conseguir lo que queríamos  (cada uno se había marcado su objetivo) y… el último día recogimos los regalos. Sin embargo, un detalle falló: el premio que había elegido Nicolás no estaba (otro niño lo ganó antes) y, temiéndome lo peor, de nuevo nos ha dado una lección. Simplemente dijo: “no pasa nada, tengo muchos puntos, elegiré otra cosa”.

Creo que el ejemplo de los patos nos va a servir como anclaje para cualquier situación que nos requiera paciencia y soluciones ante la adversidad.

-          Una lección de mindfullness: Nicolás se montó en una atracción de esas que son como un tren que hace un recorrido con subidas y bajadas y cambios de dirección. Durante el viaje le vi que tenía los ojos cerrados y los brazos cruzados y al bajar me dice: “¿Sabes por qué tenía los ojos cerrados? Es que estaba sintiendo con mi pensamiento mental cuándo iba hacia adelante, cuándo hacia atrás y cuándo hacia los lados”. ¡Sí señor! Consciencia plena. Seis años tiene la criatura. Aún estoy perpleja.

-          Los coches de choque: el segundo talento oculto que descubrimos a Nicolás este verano: conduce increíblemente bien. Lo tendremos en cuenta.

-          Y un concierto: Alineando astros, uno de los conciertos de las ferias fue el de Maldita Nerea, con nuestro querido  amigo Jorge Ruiz a la cabeza con el que pasamos un día fantástico hablando de innovación educativa, coaching y desarrollo personal. Gracias desde aquí.

En definitiva, hemos vivido un verano plagado de aprendizajes y de vida. Espero que el vuestro haya sido igual. Nos vemos en la vuelta al cole. Gracias por estar ahí.

 

lunes, 15 de agosto de 2016

ECOLOGÍA, RECICLAJE Y EMPATÍA: SEMANA 6


ECOLOGÍA, RECICLAJE Y EMPATÍA: SEMANA 6

 De todas las cosas que hemos hecho esta semana (hemos seguido pintando, leyendo, jugando, e incluso ¡hemos montado en tren!) quiero destacar tres que nos han enseñado por 20. Como vais a ver, sólo se van a necesitar tres ratitos y hablar. A veces olvidamos hablar con los niños o pensamos que, en algunos temas, tiene poco que aportar.  Nada más lejos.

1.      Reciclaje: es verdad que soy muy de guardar cajas, botes, cartones… para hacer otras cosas, así que a mis hijos no les resulta raro reciclar para crear juguetes. Esta semana estuve haciendo limpieza de apuntes (tenía hasta los del instituto) y guardé un archivador de los de cartón para cada uno. Al verlo, en seguida se les ocurrió que podríamos hacer unas casas. Ellos me fueron diciendo como la querían y colaboraron en la realización y nos salió ¡hasta una casa madriguera! No es necesario saber dibujar muy bien porque sólo hay que hacer algo así como un plano. Llevan toda la semana jugando con ellas y además, como pueden meter dentro los muñecos y volverlas a cerrar, queda todo recogido.

 
    




2.      Empatía: el otro día hicimos una simulación de ceguera. Tapé los ojos a Nicolás y le di un bastón. Le estuve explicando que debía hacer batidas de izquierda a derecha con el bastón para encontrar los posibles obstáculos. Con esas indicaciones, le mandé que fuera de un punto a otro. Y lo hizo sin mayor dificultad (lógicamente tenía la referencia visual anterior a que le vendara los ojos). Lo primero que observamos (que a él le resultó curioso) era que no podía caminar erguido. Iba con el tronco hacia adelante y la cabeza hacia atrás. Tuvo que ser consciente de cómo estaba caminando para corregirlo. Para complicarlo, le di tres vueltas y le volví a proponer un recorrido. Eso sí que le pareció mucho más complicado.

Los pequeños también quisieron participar pero en lugar de marcarles un recorrido, les propuse que, cada vez que encontraran un obstáculo, se parasen a tocarlo, a olerlo o a escuchar.

Así, diferenciamos el césped del cemento, la pared de la puerta de cristal del porche, la cocina por el olor a café y hasta supimos por dónde andaba Nicolás al oírle.

Ha sido una experiencia fantástica. Por un lado, hemos aprendido a ponernos en la piel del otro (que, bajo mi punto de vista, es uno de los pilares fundamentales de la educación), hemos podido sentir lo que siente alguien que no ve y hemos pensado en soluciones (agudizar los demás sentidos para que nos den pistas).

Nos ha parecido tan enriquecedor que, en cuanto pueda tener a mano una silla de ruedas, estoy deseando que aprendan las dificultades que aparecen sólo para moverte en casa (seguro que pronto imaginarán las que puede haber fuera).

 


3.      Ecología: la verdad es que hubiera preferido no tener que escribir esto. Ha dado la casualidad de que los abuelos han estado unos días en Xuño (La Coruña) y se han encontrado con el desastre que se repite una y otra vez todos los veranos y que destroza un paraíso natural magnífico: los incendios.

Ellos nos mandaban imágenes de los alrededores, de las llamas, del humo, de los aviones y los helicópteros cargando agua incesantemente e incluso de los propios bomberos que muy amablemente y con una gran sonrisa se hicieron una foto para que pudiéramos ver sus uniformes (lamentablemente también vimos sus caras de cansancio).

Me pareció una buena oportunidad para hablar sobre todo con Nicolás que ya tiene seis años, de la importancia de cuidar la naturaleza. Es verdad que, en un principio, lo que más le gustó fue la foto de los bomberos y el vídeo del helicóptero cargando el agua en el mar. Pero después hemos ido ahondando en lo que estaba ocurriendo y en qué podemos hacer nosotros para que no suceda. Sus aportaciones han sido: no dejar basura ni cosas de cristal en el campo, si alguna vez vemos muchas plantas secas en el monte, avisar para que se limpien y llevar siempre una mochila automática con manguera y agua por si acaso (esto último ya entra dentro de su faceta como inventor, quizá dentro de 20 años tengamos el prototipo). Tiene claro que la naturaleza está viva, es la casa de muchos animales y además nos da oxígeno con lo que hay que cuidarla y respetarla. Creo que es suficiente.

Hablamos también del trabajo de los bomberos, lo estuvimos relacionando con una exposición que vimos en otoño sobre el tema e intenté que vieran el valor de una profesión de altísimo riesgo (riesgo real que ellos no ven porque, a veces, creen que son algo así como superhéroes inmortales).


 
ASÍ QUE VAYA DESDE AQUÍ, NUESTRO RECONOCIMIENTO A TODOS LOS BOMBEROS Y DEMÁS PERSONAL QUE SE JUEGA LA VIDA TODOS LOS VERANOS Y QUE, ENCIMA TIENEN LA AMABILIDAD DE HACERSE UNA FOTO PARA QUE PUEDA VERLOS UN NIÑO QUE ESTÁ A 500 KILÓMETROS. ESTAMOS MUY ORGULLOSOS DE VOSOTROS.
GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS

martes, 9 de agosto de 2016

SEMANA 5: DESPUÉS DE LA TEMPESTAD VIENE LA CALMA


SEMANA 5: DESPUÉS DE LA TEMPESTAD VIENE LA CALMA

Estas son las actividades de la semana 5. Esperamos que las disfrutéis.

1.      La ficha del cole: Los pequeños me pidieron hacer una ficha del cole así que improvisamos una tarea que, además de trabajar la grafomotricidad, favorece la atención. En un folio se dibujan cuadrados, círculos y triángulos (o cualquier otra forma). Se eligen tres colores y se colorea cada forma de un color.

El resultado: Martín, meticuloso y constante, la realiza según lo previsto. Julia, creativa y resuelta, empieza según cánones establecidos y después, argumentando razones de lo más variopintas, va modificando a su gusto.

 

 

 




2.      Los disfraces: no es necesario ni siquiera tener disfraces. Con unos cuantos pañuelos, sombreros, etc, se puede pasar una tarde divertida.

Julia se ha hecho un disfraz completo ella sola que me ha dejado perpleja: falda tipo pareo, pañuelo al cuello anudado y sombrero con velo. No sé en qué momento ha aprendido a hacer nudos. Claro que tampoco sé dónde ha aprendido a hacer trenzas y hace dos días me hizo una.  Sólo hay que ponerse.

 

3.      Un clásico: la plastilina. Seguro que no tengo mucho más que añadir. Una actividad excelente para potenciar la creatividad, la motricidad fina, el aprendizaje de conceptos básicos…
 


4.      Inventa un juego: Es muy sencillo de hacer. Les das una serie de objetos cualquiera que en principio no tengan relación entre sí. Y les pides que inventen un juego.

Martín escogió un cesto de guardar juguetes y unos palos de helado que guardan como si fueran tesoros. ¿Creéis que inventó el baloncesto con palos de polo? No.

Dio la vuelta al cesto y, como tiene un muelle, ponía los palitos encima, aplastaba el cesto y al soltar todos los palitos salían volando. Estuvieron un buen rato riendo y viendo a ver quién los lanzaba más lejos.
 

5.      La canción: una de las tareas de nuestro cuaderno de verano consiste en inventar una canción. Para facilitar las cosas se puede coger una canción conocida y modificar la letra, por ejemplo. Así que hemos hecho la versión marina del Pollito Pío.

6.      El aprendizaje de la semana: Como veis, Nicolás decidió retomar el cuaderno de verano después del enfado. Con las aguas en calma, retomamos la situación que nos había llevado al enfado y, sin darle demasiada importancia, buscamos soluciones.

Dado que la cosa  había venido porque yo le hice unas líneas en el folio que él no había pedido, pensó que la mejor forma de solucionarlo era hacerlo en otra hoja.

Dicho y hecho. Eso sí. Lo primero que me dijo al escribir la primera palabra fue “mira mamá, ¿ves? Con todas las letras iguales”. Ahí queda eso.

De esta semana me quedo con un par de días que comieron sin interrupciones (me hago pis, me pica aquí…), con la capacidad de Nicolás de reconducir las cosas aunque necesite unos días, con el disfraz que se hizo Julia (falda, pañuelo anudado al cuello y tocado con sombrero) y con la constancia de Martín en las tareas. Y tú ¿con qué te quedas?

martes, 2 de agosto de 2016

SEMANA 4: EL PUEBLO


SEMANA 4: EL PUEBLO

Somos de las familias que tienen la suerte de tener pueblo. Sé que es una suerte porque yo tuve pueblo y algunos de los mejores recuerdos de mi vida son de los veranos allí.

Esta semana nos trasladamos unos días al pueblo. Yo, en mi cerebro adulto, sabía a lo que venía. Los niños probablemente lo intuían pero no contaban con que fuéramos a pasar una ola de calor y sólo contábamos con una piscina desmontable que cubre por la rodilla y un patio en el que da el sol durante la mitad del día (recuerdo en este momento que veníamos de una piscina grande y un jardín fresco para correr).

Después de contaros las actividades que hemos hecho durante la semana, retomaré esto.

1.      La carta: Nicolás decidió escribir una carta a papá para que se acordara de traerle un peluche. Para los que tenéis niños que empiezan a escribir pero que no les fascina (al principio no compensa el esfuerzo de trazar las letras con el resultado que se obtiene), el hecho de escribir una carta real a alguien real puede motivarles. Y como en los pueblos muchas cosas son más fáciles, fuimos a correos (a la vuelta de la esquina), no tuvimos que esperar turno, y Nicolás pudo pedir y preguntar lo que quiso (que necesitaba un sello para la carta, que cuándo llegaría, etc) y hasta se despidió con un “que tengáis un buen día” que dejó a las funcionarias de correos maravilladas. Orgullo de madre.



2.      El acertijo: un día vi en Facebook (no recuerdo dónde) un acertijo en el que había que adivinar en qué número de plaza estaba el coche. El artículo añadía que los niños más pequeños acertaban antes que los adultos. Así que se lo propuse a Nicolás (Martín y Julia no tienen todavía claro el orden de los números). Y, efectivamente, lo acertó antes que los abuelos.

 
3.      Los pintores: Otra de las cosas buenas del pueblo es que podemos visitar el estudio del abuelo (pintor de profesión) y convertirnos en pintores profesionales con caballete y todo. Si no disponéis de caballete, seguro que tenéis paredes o laterales de muebles. A veces, algo tan tonto para nuestro cerebro adulto como pasar de pintar en horizontal a pintar en vertical, les aporta una motivación extra que hace que estén entretenidos un buen rato. Nicolás y Martín encantados de estar en clase de pintura como ellos mismos dijeron. Julia que es de los tres la más artística, no quiso participar. Le pudo el miedo a lo desconocido a hacer algo que podría haber disfrutado un montón.
 

4.      La cena creativa: Una de las noches Nicolás me pidió una “cena creativa” y como no tenía muy claro qué significaba, les pedí que me ayudaran a prepararla. ¡Atención aquí! Si estás dispuesto a que te echen una mano en la cocina es con todas las consecuencias (tirarán cosas, querrán echar mermelada en los garbanzos, pedirán el cuchillo, etc). En fin, que para guiar la odisea les propuse hacer sándwiches (higiénico, aséptico y fácil) y que los decorasen. Otro ratillo entretenido.
 

5.      El tesoro: Una de las mañanas, en lugar de hacer el cuaderno de verano que Nicolás desterró por la afrenta de las rayas de su madre, propuso hacer una búsqueda del tesoro así que hizo su plano del tesoro, repartió las pistas y escondió la recompensa final. ¿Qué falló? Que lo hizo todo él y los demás sólo le seguíamos y mirábamos. Resultado: sus hermanos se enfadaron. Obviamente.
 

6.      La biblioteca: Mi pueblo cuenta con probablemente la mejor biblioteca de España en el mundo rural, el Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Y, como es un pueblo, pues también está a la vuelta de la esquina. Así que nos hemos hecho todos el carnet y… ¡a sacar cuentos! La parte infantil de la biblioteca es una maravilla, infinidad de cuentos, talleres y dinamizaciones para los más pequeños…

A Nicolás se le ocurrió preguntar cuántos libros se podían sacar a la vez. Cuando le contestaron que 5 se le abrieron los ojos como platos. ¿El resultado? 5x4 = 20 (sí, yo también saqué cuentos).
 
 

7.      La tuneladora: En su afán por no retomar el cuaderno de verano, Nicolás propuso inventar algo. Así que se puso a hacer un dibujo y cuando nos ha explicado lo que era, hemos visto que lo que había inventado era ¡una tuneladora! Por supuesto, el no sabía ni cómo se llamaba así que después estuvimos buscando imágenes reales para ver en qué se parecían a la suya.
 


8.      El arenero: Terminamos la semana con un bautizo. La celebración posterior fue en un jardín y Julia se pasó gran parte del tiempo jugando en el arenero. ¿Qué hizo tanto rato? Trasladar arena de un cubo a otro, meter la mano en el cubo, echarse arena en los pies y vuelta a empezar. ¿Recordáis la película de Amèlie, cuando la protagonista mete la mano en el saco de las lentejas? Pues un gozo similar. Julia es una niña muy independiente, que necesita sus tiempos pero a la vez no para un segundo quieta, así que verla en el arenero con esa paz y gozando de una cosa tan sencilla como la arena me dio hasta una profunda envidia. De nuevo, mucho que aprender.
 

9.      Los aprendizajes de la semana:

-          El día de la búsqueda del tesoro, Julia acabó dando un manotazo a Nicolás y Martín dijo muy serio “Julia, vas a tener que pedir perdón a Nico para volver a jugar” (dónde lo habrá oído).

-          Julia no quiso pintar: su miedo al fracaso o al ridículo le hacen perderse muchas cosas que seguro disfrutaría. La buena noticia es que se parece mucho a Nicolás y Nicolás ha sabido superarlo ¿cómo? Con paciencia, sin forzar, respetando su necesidad de tiempo, ofreciendo oportunidades y ensayando. Otro día hablaremos de esto.

-          El aprendizaje de oro de la semana: Esta semana, por el cambio,  por el calor, por no saber expresar lo que les pasa (que igual ni ellos lo saben), se han portado especialmente mal (peleones, retadores, chillones…). Seguro que todos tenéis semanas de estas (decidme que sí, por favor). A ratos se me asemejaban a tres pequeños monos enjaulados subiéndose meteoríticos por las rejas.

Pues, ahí va, aviso a navegantes: el día, semana o mes que vuestros hijos estén insoportables… SACAD EL ESPEJO. ¿Cómo estás tú? Y la conclusión por mi parte es que, efectivamente, yo también he estado insoportable. Ahí queda eso.

Quizá tenía que haberles anticipado el cambio y no esperar al último día de la semana para decirles “yo también tengo mucho calor, yo también estoy durmiendo en una habitación que no es la mía, yo también echo de menos la piscina grande y yo también me aburro. Pero estamos aquí, esto es lo que tenemos (y deberíamos sentirnos afortunados) y está en nuestras manos estar enfadados o pasarlo en grande. Vosotros elegís.”

A pesar de todo, esta semana me quedo con la cara de las funcionarias de correos al recibir el “que tengáis buen día” de Nicolás, con la satisfacción de volver a casa con una torre de cuentos fantásticos y con la paz de ver a Julia enredando con la arena como si no importara el tiempo.

Aprovecho para agradecer a Julián que toda esta aventura no sería posible si él no se hubiera quedado al frente del gabinete todo el verano.

Feliz  semana.

 

 

jueves, 28 de julio de 2016

SEMANA 3: LA SUPERACTIVIDAD DEL VERANO: UNA CAJA


SEMANA 3: LA SUPERACTIVIDAD DEL VERANO: UNA CAJA

… ¡pero qué caja señores!

Esta semana, a diferencia de las anteriores en las que nada más levantarse me decían ¡mamá, a currar!, hemos estado menos académicos y más improvisadores.

Bien es cierto que se han sumado dos desencadenantes: por un lado, una corrección que hice a Nicolás y que no le cayó muy bien en el momento y, por otro, la llegada de mi gran amiga Rebeca y sus niños. Ellos fueron los que trajeron ¡LA CAJA!

Empiezo por el principio. Espero que os sirva de inspiración.

1.      El enfado: Comenzamos la semana leyendo de manera conjunta uno de los cuentos de nuestro cuaderno de verano que trata el tema del enfado. Hasta ahí todo bien. La segunda actividad consistía en escribir (el mayor, los pequeños dicen y yo escribo) cuatro cosas que te enfadan y qué puedes hacer para solucionarlo. Como las actividades están impresas en folio blanco y Nicolás aún hace cada letra de un tamaño y se tuerce, pensé que sería buena idea hacerle unas líneas de pauta (como tienen en el cole) para facilitarle el trabajo. Error. ¿Cómo he osado hacer unas rayas en su cuaderno de verano sin consultar? Creo que pensó que así tendría que escribir más y más cuidadosamente y le pareció una idea atroz.

Han pasado cuatro días y no ha vuelto a querer abrir el cuaderno (genial para ilustrar el tema del  enfado). En parte por el enfado y en parte porque llegó… ¡LA CAJA!

2.      Como digo, mi gran amiga Rebeca y sus niños vinieron a pasar un día con nosotros y nos trajeron una caja… pero una caja-caja.

Cuando digo una caja-caja es que en la misma cabían los cinco niños holgadamente. Así que… ¡que comience el juego!

-          Ronda de reconocimiento: empezamos investigando la caja y pensando posibilidades. Hemos comenzado por montarla dedicando un tiempo a observar cómo de algo plano puede salir semejante caja. Podemos meternos dentro desde arriba, darle la vuelta y escondernos debajo, parecer una tortuga o una caja mágica que se mueve sola, si la ponemos de pie parece un ascensor, tumbada es una cueva y hemos hecho algunas pinturas rupestres, podríamos hacer algún agujero.

 
 
-          La casa: gana por unanimidad hacer una casa con ella así que le hemos dotado de puerta principal, ventana de ojo de buey, ventana trasera de doble hoja y una ventana espía en un lateral. ¡Ha sido un fiestón!

 
 
-          La decoración: caja xxl + pintura de dedos = una tarde entretenidísima decorando la caja.

-          El nombre: han decidido que se llama Ferris y es un cohete-casa para viajar.

-          Conclusión: toda la semana entretenidos entrando y saliendo, contando historias, haciendo de astronautas, de padres y madres, de cavernícolas en la cueva…

Soy consciente que para esto es necesario tener sitio. Si no se tiene, siempre se puede hacer la versión mini (el año pasado hicimos un castillo con puente levadizo y todo que nos entretuvo varios días) con una caja pequeña para los muñecos. No es lo mismo, lo sé, pero puede funcionar.

3.      Las pompas: el tiempo que no se ha ocupado con la caja, hemos hecho algunas actividades como la de las pompas. Con un pompero, les dije que yo iba a hacer pompas y ellos debían permanecer como estatuas y no explotar ninguna pompa ni correr detrás de ellas durante 30 segundos. Risillas nerviosas y buen aguante. La idea era ir  aumentando el tiempo para después trabajar el concepto de autocontrol, la paciencia, etc. No pudo ser. Se levantó viento y las pompas igual que salían se explotaban.

 
4.      Las nubes: como la semana ha sido muy relajada, nos hemos dedicado también a un clásico, ver formas en las nubes. Les gusta a los tres y participan efusivamente (a veces demasiado). Se les ocurrió la variante de ver formas en los árboles y, aunque al principio parecía que funcionaba, se dieron cuenta rápidamente de que la gracia de las nubes es que se mueven y cambian y los árboles no (a menos que veas muchos árboles diferentes).

 
5.      Los aprendizajes de la semana:

-          Que, a veces, las cosas no salen como uno planea: utilizamos la actividad del pompero para trabajar la aceptación de la frustración cuando algo no sale, haciendo hincapié en buscar otras opciones (gracias a lo que pasó se dieron cuenta de que, con viento, las pompas salen solas como por arte de magia, sólo hay que agitar un poco la muñeca). Ese día no pudo ser pero ya tenemos una actividad para un día que no haya viento.

-          Que su orden de importancias no es el nuestro (mira que lo repito hasta la saciedad en el trabajo, pues caí). Para mí unas rayas en el papel no sólo no eran algo insignificante sino incluso beneficioso. Ha quedado claro que para Nicolás no. Gracias a la caja hemos tenido una tarea distractora para gestionar el enfado. Lo retomaremos los próximos días (mira, ya tiene una cosa que le enfada “que mamá me haga rayas en mi cuaderno”).

De esta semana me quedo con lo que han disfrutado con la caja, incluido el ver a mis tres niños  con la pintura de dedos (nunca les gustó pringarse pero deben haber considerado que la ocasión merecía la pena) y las risas que se han echado con Ferris todos los que por allí han pasado (los míos, los de Rebeca, algunos amigos más, los primos…) Y tú, ¿con qué te quedas?

Desde aquí, gracias a Rebeca (eres genial y lo sabes)y a sus niños Irene y Raúl por dejarnos en usufructo a Ferris (no fue fácil despedirse de él).