lunes, 15 de agosto de 2016

ECOLOGÍA, RECICLAJE Y EMPATÍA: SEMANA 6


ECOLOGÍA, RECICLAJE Y EMPATÍA: SEMANA 6

 De todas las cosas que hemos hecho esta semana (hemos seguido pintando, leyendo, jugando, e incluso ¡hemos montado en tren!) quiero destacar tres que nos han enseñado por 20. Como vais a ver, sólo se van a necesitar tres ratitos y hablar. A veces olvidamos hablar con los niños o pensamos que, en algunos temas, tiene poco que aportar.  Nada más lejos.

1.      Reciclaje: es verdad que soy muy de guardar cajas, botes, cartones… para hacer otras cosas, así que a mis hijos no les resulta raro reciclar para crear juguetes. Esta semana estuve haciendo limpieza de apuntes (tenía hasta los del instituto) y guardé un archivador de los de cartón para cada uno. Al verlo, en seguida se les ocurrió que podríamos hacer unas casas. Ellos me fueron diciendo como la querían y colaboraron en la realización y nos salió ¡hasta una casa madriguera! No es necesario saber dibujar muy bien porque sólo hay que hacer algo así como un plano. Llevan toda la semana jugando con ellas y además, como pueden meter dentro los muñecos y volverlas a cerrar, queda todo recogido.

 
    




2.      Empatía: el otro día hicimos una simulación de ceguera. Tapé los ojos a Nicolás y le di un bastón. Le estuve explicando que debía hacer batidas de izquierda a derecha con el bastón para encontrar los posibles obstáculos. Con esas indicaciones, le mandé que fuera de un punto a otro. Y lo hizo sin mayor dificultad (lógicamente tenía la referencia visual anterior a que le vendara los ojos). Lo primero que observamos (que a él le resultó curioso) era que no podía caminar erguido. Iba con el tronco hacia adelante y la cabeza hacia atrás. Tuvo que ser consciente de cómo estaba caminando para corregirlo. Para complicarlo, le di tres vueltas y le volví a proponer un recorrido. Eso sí que le pareció mucho más complicado.

Los pequeños también quisieron participar pero en lugar de marcarles un recorrido, les propuse que, cada vez que encontraran un obstáculo, se parasen a tocarlo, a olerlo o a escuchar.

Así, diferenciamos el césped del cemento, la pared de la puerta de cristal del porche, la cocina por el olor a café y hasta supimos por dónde andaba Nicolás al oírle.

Ha sido una experiencia fantástica. Por un lado, hemos aprendido a ponernos en la piel del otro (que, bajo mi punto de vista, es uno de los pilares fundamentales de la educación), hemos podido sentir lo que siente alguien que no ve y hemos pensado en soluciones (agudizar los demás sentidos para que nos den pistas).

Nos ha parecido tan enriquecedor que, en cuanto pueda tener a mano una silla de ruedas, estoy deseando que aprendan las dificultades que aparecen sólo para moverte en casa (seguro que pronto imaginarán las que puede haber fuera).

 


3.      Ecología: la verdad es que hubiera preferido no tener que escribir esto. Ha dado la casualidad de que los abuelos han estado unos días en Xuño (La Coruña) y se han encontrado con el desastre que se repite una y otra vez todos los veranos y que destroza un paraíso natural magnífico: los incendios.

Ellos nos mandaban imágenes de los alrededores, de las llamas, del humo, de los aviones y los helicópteros cargando agua incesantemente e incluso de los propios bomberos que muy amablemente y con una gran sonrisa se hicieron una foto para que pudiéramos ver sus uniformes (lamentablemente también vimos sus caras de cansancio).

Me pareció una buena oportunidad para hablar sobre todo con Nicolás que ya tiene seis años, de la importancia de cuidar la naturaleza. Es verdad que, en un principio, lo que más le gustó fue la foto de los bomberos y el vídeo del helicóptero cargando el agua en el mar. Pero después hemos ido ahondando en lo que estaba ocurriendo y en qué podemos hacer nosotros para que no suceda. Sus aportaciones han sido: no dejar basura ni cosas de cristal en el campo, si alguna vez vemos muchas plantas secas en el monte, avisar para que se limpien y llevar siempre una mochila automática con manguera y agua por si acaso (esto último ya entra dentro de su faceta como inventor, quizá dentro de 20 años tengamos el prototipo). Tiene claro que la naturaleza está viva, es la casa de muchos animales y además nos da oxígeno con lo que hay que cuidarla y respetarla. Creo que es suficiente.

Hablamos también del trabajo de los bomberos, lo estuvimos relacionando con una exposición que vimos en otoño sobre el tema e intenté que vieran el valor de una profesión de altísimo riesgo (riesgo real que ellos no ven porque, a veces, creen que son algo así como superhéroes inmortales).


 
ASÍ QUE VAYA DESDE AQUÍ, NUESTRO RECONOCIMIENTO A TODOS LOS BOMBEROS Y DEMÁS PERSONAL QUE SE JUEGA LA VIDA TODOS LOS VERANOS Y QUE, ENCIMA TIENEN LA AMABILIDAD DE HACERSE UNA FOTO PARA QUE PUEDA VERLOS UN NIÑO QUE ESTÁ A 500 KILÓMETROS. ESTAMOS MUY ORGULLOSOS DE VOSOTROS.
GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS

martes, 9 de agosto de 2016

SEMANA 5: DESPUÉS DE LA TEMPESTAD VIENE LA CALMA


SEMANA 5: DESPUÉS DE LA TEMPESTAD VIENE LA CALMA

Estas son las actividades de la semana 5. Esperamos que las disfrutéis.

1.      La ficha del cole: Los pequeños me pidieron hacer una ficha del cole así que improvisamos una tarea que, además de trabajar la grafomotricidad, favorece la atención. En un folio se dibujan cuadrados, círculos y triángulos (o cualquier otra forma). Se eligen tres colores y se colorea cada forma de un color.

El resultado: Martín, meticuloso y constante, la realiza según lo previsto. Julia, creativa y resuelta, empieza según cánones establecidos y después, argumentando razones de lo más variopintas, va modificando a su gusto.

 

 

 




2.      Los disfraces: no es necesario ni siquiera tener disfraces. Con unos cuantos pañuelos, sombreros, etc, se puede pasar una tarde divertida.

Julia se ha hecho un disfraz completo ella sola que me ha dejado perpleja: falda tipo pareo, pañuelo al cuello anudado y sombrero con velo. No sé en qué momento ha aprendido a hacer nudos. Claro que tampoco sé dónde ha aprendido a hacer trenzas y hace dos días me hizo una.  Sólo hay que ponerse.

 

3.      Un clásico: la plastilina. Seguro que no tengo mucho más que añadir. Una actividad excelente para potenciar la creatividad, la motricidad fina, el aprendizaje de conceptos básicos…
 


4.      Inventa un juego: Es muy sencillo de hacer. Les das una serie de objetos cualquiera que en principio no tengan relación entre sí. Y les pides que inventen un juego.

Martín escogió un cesto de guardar juguetes y unos palos de helado que guardan como si fueran tesoros. ¿Creéis que inventó el baloncesto con palos de polo? No.

Dio la vuelta al cesto y, como tiene un muelle, ponía los palitos encima, aplastaba el cesto y al soltar todos los palitos salían volando. Estuvieron un buen rato riendo y viendo a ver quién los lanzaba más lejos.
 

5.      La canción: una de las tareas de nuestro cuaderno de verano consiste en inventar una canción. Para facilitar las cosas se puede coger una canción conocida y modificar la letra, por ejemplo. Así que hemos hecho la versión marina del Pollito Pío.

6.      El aprendizaje de la semana: Como veis, Nicolás decidió retomar el cuaderno de verano después del enfado. Con las aguas en calma, retomamos la situación que nos había llevado al enfado y, sin darle demasiada importancia, buscamos soluciones.

Dado que la cosa  había venido porque yo le hice unas líneas en el folio que él no había pedido, pensó que la mejor forma de solucionarlo era hacerlo en otra hoja.

Dicho y hecho. Eso sí. Lo primero que me dijo al escribir la primera palabra fue “mira mamá, ¿ves? Con todas las letras iguales”. Ahí queda eso.

De esta semana me quedo con un par de días que comieron sin interrupciones (me hago pis, me pica aquí…), con la capacidad de Nicolás de reconducir las cosas aunque necesite unos días, con el disfraz que se hizo Julia (falda, pañuelo anudado al cuello y tocado con sombrero) y con la constancia de Martín en las tareas. Y tú ¿con qué te quedas?

martes, 2 de agosto de 2016

SEMANA 4: EL PUEBLO


SEMANA 4: EL PUEBLO

Somos de las familias que tienen la suerte de tener pueblo. Sé que es una suerte porque yo tuve pueblo y algunos de los mejores recuerdos de mi vida son de los veranos allí.

Esta semana nos trasladamos unos días al pueblo. Yo, en mi cerebro adulto, sabía a lo que venía. Los niños probablemente lo intuían pero no contaban con que fuéramos a pasar una ola de calor y sólo contábamos con una piscina desmontable que cubre por la rodilla y un patio en el que da el sol durante la mitad del día (recuerdo en este momento que veníamos de una piscina grande y un jardín fresco para correr).

Después de contaros las actividades que hemos hecho durante la semana, retomaré esto.

1.      La carta: Nicolás decidió escribir una carta a papá para que se acordara de traerle un peluche. Para los que tenéis niños que empiezan a escribir pero que no les fascina (al principio no compensa el esfuerzo de trazar las letras con el resultado que se obtiene), el hecho de escribir una carta real a alguien real puede motivarles. Y como en los pueblos muchas cosas son más fáciles, fuimos a correos (a la vuelta de la esquina), no tuvimos que esperar turno, y Nicolás pudo pedir y preguntar lo que quiso (que necesitaba un sello para la carta, que cuándo llegaría, etc) y hasta se despidió con un “que tengáis un buen día” que dejó a las funcionarias de correos maravilladas. Orgullo de madre.



2.      El acertijo: un día vi en Facebook (no recuerdo dónde) un acertijo en el que había que adivinar en qué número de plaza estaba el coche. El artículo añadía que los niños más pequeños acertaban antes que los adultos. Así que se lo propuse a Nicolás (Martín y Julia no tienen todavía claro el orden de los números). Y, efectivamente, lo acertó antes que los abuelos.

 
3.      Los pintores: Otra de las cosas buenas del pueblo es que podemos visitar el estudio del abuelo (pintor de profesión) y convertirnos en pintores profesionales con caballete y todo. Si no disponéis de caballete, seguro que tenéis paredes o laterales de muebles. A veces, algo tan tonto para nuestro cerebro adulto como pasar de pintar en horizontal a pintar en vertical, les aporta una motivación extra que hace que estén entretenidos un buen rato. Nicolás y Martín encantados de estar en clase de pintura como ellos mismos dijeron. Julia que es de los tres la más artística, no quiso participar. Le pudo el miedo a lo desconocido a hacer algo que podría haber disfrutado un montón.
 

4.      La cena creativa: Una de las noches Nicolás me pidió una “cena creativa” y como no tenía muy claro qué significaba, les pedí que me ayudaran a prepararla. ¡Atención aquí! Si estás dispuesto a que te echen una mano en la cocina es con todas las consecuencias (tirarán cosas, querrán echar mermelada en los garbanzos, pedirán el cuchillo, etc). En fin, que para guiar la odisea les propuse hacer sándwiches (higiénico, aséptico y fácil) y que los decorasen. Otro ratillo entretenido.
 

5.      El tesoro: Una de las mañanas, en lugar de hacer el cuaderno de verano que Nicolás desterró por la afrenta de las rayas de su madre, propuso hacer una búsqueda del tesoro así que hizo su plano del tesoro, repartió las pistas y escondió la recompensa final. ¿Qué falló? Que lo hizo todo él y los demás sólo le seguíamos y mirábamos. Resultado: sus hermanos se enfadaron. Obviamente.
 

6.      La biblioteca: Mi pueblo cuenta con probablemente la mejor biblioteca de España en el mundo rural, el Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Y, como es un pueblo, pues también está a la vuelta de la esquina. Así que nos hemos hecho todos el carnet y… ¡a sacar cuentos! La parte infantil de la biblioteca es una maravilla, infinidad de cuentos, talleres y dinamizaciones para los más pequeños…

A Nicolás se le ocurrió preguntar cuántos libros se podían sacar a la vez. Cuando le contestaron que 5 se le abrieron los ojos como platos. ¿El resultado? 5x4 = 20 (sí, yo también saqué cuentos).
 
 

7.      La tuneladora: En su afán por no retomar el cuaderno de verano, Nicolás propuso inventar algo. Así que se puso a hacer un dibujo y cuando nos ha explicado lo que era, hemos visto que lo que había inventado era ¡una tuneladora! Por supuesto, el no sabía ni cómo se llamaba así que después estuvimos buscando imágenes reales para ver en qué se parecían a la suya.
 


8.      El arenero: Terminamos la semana con un bautizo. La celebración posterior fue en un jardín y Julia se pasó gran parte del tiempo jugando en el arenero. ¿Qué hizo tanto rato? Trasladar arena de un cubo a otro, meter la mano en el cubo, echarse arena en los pies y vuelta a empezar. ¿Recordáis la película de Amèlie, cuando la protagonista mete la mano en el saco de las lentejas? Pues un gozo similar. Julia es una niña muy independiente, que necesita sus tiempos pero a la vez no para un segundo quieta, así que verla en el arenero con esa paz y gozando de una cosa tan sencilla como la arena me dio hasta una profunda envidia. De nuevo, mucho que aprender.
 

9.      Los aprendizajes de la semana:

-          El día de la búsqueda del tesoro, Julia acabó dando un manotazo a Nicolás y Martín dijo muy serio “Julia, vas a tener que pedir perdón a Nico para volver a jugar” (dónde lo habrá oído).

-          Julia no quiso pintar: su miedo al fracaso o al ridículo le hacen perderse muchas cosas que seguro disfrutaría. La buena noticia es que se parece mucho a Nicolás y Nicolás ha sabido superarlo ¿cómo? Con paciencia, sin forzar, respetando su necesidad de tiempo, ofreciendo oportunidades y ensayando. Otro día hablaremos de esto.

-          El aprendizaje de oro de la semana: Esta semana, por el cambio,  por el calor, por no saber expresar lo que les pasa (que igual ni ellos lo saben), se han portado especialmente mal (peleones, retadores, chillones…). Seguro que todos tenéis semanas de estas (decidme que sí, por favor). A ratos se me asemejaban a tres pequeños monos enjaulados subiéndose meteoríticos por las rejas.

Pues, ahí va, aviso a navegantes: el día, semana o mes que vuestros hijos estén insoportables… SACAD EL ESPEJO. ¿Cómo estás tú? Y la conclusión por mi parte es que, efectivamente, yo también he estado insoportable. Ahí queda eso.

Quizá tenía que haberles anticipado el cambio y no esperar al último día de la semana para decirles “yo también tengo mucho calor, yo también estoy durmiendo en una habitación que no es la mía, yo también echo de menos la piscina grande y yo también me aburro. Pero estamos aquí, esto es lo que tenemos (y deberíamos sentirnos afortunados) y está en nuestras manos estar enfadados o pasarlo en grande. Vosotros elegís.”

A pesar de todo, esta semana me quedo con la cara de las funcionarias de correos al recibir el “que tengáis buen día” de Nicolás, con la satisfacción de volver a casa con una torre de cuentos fantásticos y con la paz de ver a Julia enredando con la arena como si no importara el tiempo.

Aprovecho para agradecer a Julián que toda esta aventura no sería posible si él no se hubiera quedado al frente del gabinete todo el verano.

Feliz  semana.

 

 

jueves, 28 de julio de 2016

SEMANA 3: LA SUPERACTIVIDAD DEL VERANO: UNA CAJA


SEMANA 3: LA SUPERACTIVIDAD DEL VERANO: UNA CAJA

… ¡pero qué caja señores!

Esta semana, a diferencia de las anteriores en las que nada más levantarse me decían ¡mamá, a currar!, hemos estado menos académicos y más improvisadores.

Bien es cierto que se han sumado dos desencadenantes: por un lado, una corrección que hice a Nicolás y que no le cayó muy bien en el momento y, por otro, la llegada de mi gran amiga Rebeca y sus niños. Ellos fueron los que trajeron ¡LA CAJA!

Empiezo por el principio. Espero que os sirva de inspiración.

1.      El enfado: Comenzamos la semana leyendo de manera conjunta uno de los cuentos de nuestro cuaderno de verano que trata el tema del enfado. Hasta ahí todo bien. La segunda actividad consistía en escribir (el mayor, los pequeños dicen y yo escribo) cuatro cosas que te enfadan y qué puedes hacer para solucionarlo. Como las actividades están impresas en folio blanco y Nicolás aún hace cada letra de un tamaño y se tuerce, pensé que sería buena idea hacerle unas líneas de pauta (como tienen en el cole) para facilitarle el trabajo. Error. ¿Cómo he osado hacer unas rayas en su cuaderno de verano sin consultar? Creo que pensó que así tendría que escribir más y más cuidadosamente y le pareció una idea atroz.

Han pasado cuatro días y no ha vuelto a querer abrir el cuaderno (genial para ilustrar el tema del  enfado). En parte por el enfado y en parte porque llegó… ¡LA CAJA!

2.      Como digo, mi gran amiga Rebeca y sus niños vinieron a pasar un día con nosotros y nos trajeron una caja… pero una caja-caja.

Cuando digo una caja-caja es que en la misma cabían los cinco niños holgadamente. Así que… ¡que comience el juego!

-          Ronda de reconocimiento: empezamos investigando la caja y pensando posibilidades. Hemos comenzado por montarla dedicando un tiempo a observar cómo de algo plano puede salir semejante caja. Podemos meternos dentro desde arriba, darle la vuelta y escondernos debajo, parecer una tortuga o una caja mágica que se mueve sola, si la ponemos de pie parece un ascensor, tumbada es una cueva y hemos hecho algunas pinturas rupestres, podríamos hacer algún agujero.

 
 
-          La casa: gana por unanimidad hacer una casa con ella así que le hemos dotado de puerta principal, ventana de ojo de buey, ventana trasera de doble hoja y una ventana espía en un lateral. ¡Ha sido un fiestón!

 
 
-          La decoración: caja xxl + pintura de dedos = una tarde entretenidísima decorando la caja.

-          El nombre: han decidido que se llama Ferris y es un cohete-casa para viajar.

-          Conclusión: toda la semana entretenidos entrando y saliendo, contando historias, haciendo de astronautas, de padres y madres, de cavernícolas en la cueva…

Soy consciente que para esto es necesario tener sitio. Si no se tiene, siempre se puede hacer la versión mini (el año pasado hicimos un castillo con puente levadizo y todo que nos entretuvo varios días) con una caja pequeña para los muñecos. No es lo mismo, lo sé, pero puede funcionar.

3.      Las pompas: el tiempo que no se ha ocupado con la caja, hemos hecho algunas actividades como la de las pompas. Con un pompero, les dije que yo iba a hacer pompas y ellos debían permanecer como estatuas y no explotar ninguna pompa ni correr detrás de ellas durante 30 segundos. Risillas nerviosas y buen aguante. La idea era ir  aumentando el tiempo para después trabajar el concepto de autocontrol, la paciencia, etc. No pudo ser. Se levantó viento y las pompas igual que salían se explotaban.

 
4.      Las nubes: como la semana ha sido muy relajada, nos hemos dedicado también a un clásico, ver formas en las nubes. Les gusta a los tres y participan efusivamente (a veces demasiado). Se les ocurrió la variante de ver formas en los árboles y, aunque al principio parecía que funcionaba, se dieron cuenta rápidamente de que la gracia de las nubes es que se mueven y cambian y los árboles no (a menos que veas muchos árboles diferentes).

 
5.      Los aprendizajes de la semana:

-          Que, a veces, las cosas no salen como uno planea: utilizamos la actividad del pompero para trabajar la aceptación de la frustración cuando algo no sale, haciendo hincapié en buscar otras opciones (gracias a lo que pasó se dieron cuenta de que, con viento, las pompas salen solas como por arte de magia, sólo hay que agitar un poco la muñeca). Ese día no pudo ser pero ya tenemos una actividad para un día que no haya viento.

-          Que su orden de importancias no es el nuestro (mira que lo repito hasta la saciedad en el trabajo, pues caí). Para mí unas rayas en el papel no sólo no eran algo insignificante sino incluso beneficioso. Ha quedado claro que para Nicolás no. Gracias a la caja hemos tenido una tarea distractora para gestionar el enfado. Lo retomaremos los próximos días (mira, ya tiene una cosa que le enfada “que mamá me haga rayas en mi cuaderno”).

De esta semana me quedo con lo que han disfrutado con la caja, incluido el ver a mis tres niños  con la pintura de dedos (nunca les gustó pringarse pero deben haber considerado que la ocasión merecía la pena) y las risas que se han echado con Ferris todos los que por allí han pasado (los míos, los de Rebeca, algunos amigos más, los primos…) Y tú, ¿con qué te quedas?

Desde aquí, gracias a Rebeca (eres genial y lo sabes)y a sus niños Irene y Raúl por dejarnos en usufructo a Ferris (no fue fácil despedirse de él).

martes, 19 de julio de 2016

SEMANA 2. VERANO CON NIÑOS: DISFRUTAR O SOBREVIVIR


VERANO CON NIÑOS: DISFRUTAR O SOBREVIVIR (SEMANA 2)

Bienvenidos de nuevo a nuestro blog. Gracias por estar al otro lado.

Hemos tenido una semana muy creativa. Empezamos con uno de los cuentos de nuestro cuaderno de verano y, a partir de ahí, han surgido muchas actividades.

1.      El apatatocroto marino: a partir del cuento, hemos inventado animales mezclados. Uno de ellos ha sido el temido apatatocroto marino (cabeza de pez, cuerpo de dragón de mar, tentáculos y tinta azules, patas de cangrejo, pinzas de cangrejo, aleta de orca y puntitos de manta raya ¡ahí es nada!).


  
 
2.      Ceras artesanales: Hemos recopilado cachitos de ceras, los hemos agrupado por tonos y los hemos metido al horno en moldes de silicona con forma de corazón. ¿El resultado? Les ha encantado. Se dejan enfriar. Papel continuo y un poco de suelo.

Hemos llegado a la conclusión de que son chulas para garabatear, pero que no sirven para trabajo fino. En todo caso, hemos pasado un rato divertido y sin pelear por coger la misma.
 

                                                                                    

 

3.      El crolo: Nicolás ha decidido inventar un deporte. Se llama Crolo y, como había que inventarlo con cosas que hubiera por casa, pues se juega con una pelota de goma, guantes de jardinero, palo de golf de juguete y sudadera con capucha (que debe ser para forjar grandes deportistas porque con 35 grados otra utilidad no le veo). Las normas son tan complejas que, pasados dos días, no creo que las recuerde ni él mismo. Por lo que le he podido oír mientras jugaba con sus hermanos, consiste en inventar sobre la marcha normas nuevas (del tipo tu portería es la mesa y la sombra de la mesa) de manera que siempre gane él (que para eso es el hermano mayor y su deporte).

4.      Arocesto: a falta de canasta, colgamos un aro de hula hop en el tejadillo del porche y… ¡otro ratillo entretenidos encestando!

5.      El museo: como lo de pintar con las ceras de corazón se nos quedó un poco flojo, hemos hecho puntillismo, sacado dibujos a partir de un garabato y… ¡hasta un Miró! Y lo mejor es que estamos colocando todas nuestras obras en la puerta del armario.

 


6.      Una de mates: hemos contado, sumado y restado aprovechando que teníamos peces, dados y palillos.

 



 

7.      Adivina adivinanza: hemos resuelto adivinanzas sobre animales del mar. Han participado los tres muy animadamente.

Después hasta los pequeños Martín y Julia han querido copiar los dibujos.


 

8.      ¿Y si fueras zurdo?: Yo soy zurda, mis hijos diestros y hoy hemos intercambiado los papeles. Nos ha dado pie para ponernos en el lugar del otro y apreciar lo difícil que es. A Nicolás le gusta que le contemos cosas sobre el cerebro así que aprovechamos para contarle qué lado del cerebro mueve cada mano, que en el trabajo tenemos personas que por un golpe o una enfermedad en un sitio concreto del cerebro, se quedan sin poder escribir con la mano derecha y tienen que empezar de nuevo y aprender con la izquierda (y como se ha puesto en su lugar se ha dado cuenta de lo difícil que es y el trabajo que conlleva). Le explicamos las cosas de manera muy simplificada pero desde luego, a sus seis años, sabe mucho más de neurología que lo que sabía yo a su edad. Y le fascina.

Ni que decir tiene que yo también me convertí en diestra. Lo que no sabían es que yo, a veces, coloreo y escribo con la derecha para no perder agilidad (tengo mucha menos que con la izquierda pero me manejo) y como sorpresa final les enseñe la escritura mágica: la escritura en espejo.

Entre otras rarezas también me resulta muy sencillo escribir en espejo (en minúsculas y frases completas) así que le escribí a Nicolás una frase entera en espejo y le dije que había hecho magia. ¡Qué pena no haber fotografiado la cara cuando le di un espejo y lo leyó! Definitivamente, esa capacidad de asombro es la que me fascina de los niños. Tenemos mucho que aprender de ellos.

 


 

9.      La vasija: hemos intentado hacer arcilla. Y se han dado cuenta de que no es tan fácil como la plastilina. Era la primera vez que lo hacían así que les echamos una mano para que cada uno tuviera algo así como un recipiente (Martín una bandeja, Julia una caja y Nicolás un cuenco) y además creación libre. Dejamos que se seque y los pintamos. A los cinco minutos Julia coge la tapa de su caja, se cae y se rompe en varios pedazos. Al comprobar que no se podría pegar hemos pensado que sería divertido meter los trozos en un recipiente con arena y jugar a los arqueólogos. En cuanto tengamos arena, lo hacemos.

Nicolás pensó que sería más fácil y dijo que haría unas figuras tipo Invizimal. Le han salido unos churros sin forma definida pero él ha quedado contento con el resultado.

      

 

10.  El dramaturgo: el otro día Nicolás se levantó diciendo que iba a escribir una obra de teatro. Así que escribió en un folio el papel de cada uno (yayos incluidos) y, como aún no es muy ágil escribiendo nos dijo que, excepto su papel y el mío, los demás estaban en marciano. Nos hizo colocarnos en fila para recitar cada uno el papel que le había tocado. La obra completa era  algo así como: el marciano del planeta blandibú-hola dijo el marciano del planeta Blandibú- esforozoooo – uuuuumiooo – eimeassssii.

Desde luego ha hecho de no querer escribir demasiado (dice que es muy cansado) un arte. Me entró tal ataque de risa al vernos en medio del salón todos en fila y él completamente serio dirigiendo aquello que no pude por menos que decirle: me he divertido muchísimo, qué gracioso… ¡has hecho una comedia! Creo que le convencí porque se fue pavoneando y diciendo a sus hermanos “he hecho una comedia”.

11.  ¿Qué fue de la sal? ¿Recordáis el experimento de la semana pasada? Pues bien, el agua se evaporó y la sal se cristalizó.

          

 

 

12.  El aprendizaje extra de la semana 1: digo 1 porque esta semana hemos tenido dos. En lo que se hace la comida ven un rato los dibujos y todos todos los días tenemos la misma discusión por el sitio (que si no te tumbes, que si no entro, que si yo estaba ahí…) Así que el otro día, cansada de la misma discusión he sacado un rollo de cinta de carrocero y he dividido el sofá en tres partes iguales. Les hizo mucha gracia y al poco rato lo quitaron pero ahora cada vez que discuten por el sitio, vuelvo a sacar el rollo.

13.  He sido yo: Jugando Martín con las “figuritas” que había hecho Nicolás con la arcilla y, supongo que venido arriba por la facilidad con que se partía, las hizo añicos. Yo no dije nada y espere a la reacción. Al cabo de unas dos horas, Martín se acerca a Nicolás y le dice “te he roto los guerreros, perdón”. Nicolás le abraza y le dice “no importa, así tenemos más”. ¿Qué puede que como eran un churro no le importó lo más mínimo? A lo mejor. ¿Qué igual que reaccionó así podía haber montado en cólera? Seguramente.

Pero no fue así. Uno pidió perdón y el otro gestionó de la mejor manera posible. Me quedo con eso por esta semana.

A ti que estás al otro lado, piensa con qué te quedarías de esta semana. La mía también ha tenido noches toledanas y unas pocas rabietas, pero me quedo con las figuritas rotas, el perdón y el abrazo. ¿Con qué te quedas tú?